Deck y Aguirre dieron otra vuelta en la LNB
San Lorenzo de Almagro venció a Regatas Corrientes, 94/59, y se coronó bicampeón de La Liga, al cerrar las series finales por 4 a 1. El santiagueño Gabriel Deck fue el MVP, máximo anotador del partido y del Ciclón, con 18 puntos, además de capturar 12 rebotes y repartir 5 asistencias. Por su parte, Nicolás Aguirre ganó las 8 finales seguidas que jugó en los últimos tres años: 3 LNB; 1 Súper 8; 1 Súper 4: 2 Conferencia Sur y 1 Norte.
Desde el primer minuto de juego, San Lorenzo sacó a relucir una tremenda efectividad desde la zona 6.75, 6 de 10 desde esa posición, a lo que le sumó varios recuperos –perdidas del Fantasma- que le permitió correr y ganar el primer cuarto por 25 a 18.
El segundo cuarto, Regatas frenó el juego, mejoró en defensa, pero en ataque siempre fue todo muy forzado. Así equilibró las acciones, pero las variantes del “Santo” le permitió volver a ganar el parcial y ganar el primer tiempo por 43 a 29.
El quiebre definitivo del juego llegó en el tercer cuarto. San Lorenzo volvió a imponer el ritmo del juego, con un goleo repartido, ante un Regatas que nunca se entregó, pero que volvió a sentir la ausencia de Paolo Quinteros.
El último cuarto estuvo de más. Claro triunfo de San Lorenzo por 94 a 59, que no opaca para nada la excelente temporada de Regatas Corrientes que ganó la Conferencia Norte y se metió en la Liga de las Américas 2017/18.
El Polideportivo de Boedo estuvo colmado por más de 2.000 espectadores que le dieron color a una noche inolvidable e histórica para el club.
El Ciclón se convirtió en el quinto equipo en conseguir títulos en años consecutivos. El primero fue Ferro (85 y 86), y luego se sumaron Atenas, que lo logró tres veces (87 y 88; 98/99 y 99/99; 01/02 y 02/03), Estudiantes de Olavarría (99/00 y 00/01) y Peñarol, único tricampeón de la historia de la Liga (09/10, 10/11 y 11/12).
Regatas no contó con Paolo Quinteros, quien se resintió de una fascitis plantar en el tercer partido.
“El equipo se ganó el corazón de la gente. Luchamos cada partido y eso el hincha lo reconoce”, sentenció el capitán, Nicolás Aguirre.
Gabriel Deck y el festejo del MVP
Tortuga fue elegido MVP de las Finales en el medio de una noche colmada de alegrías.
La bocina en la mesa de control decretó el bicampeonato de San Lorenzo. Las emociones en Boedo explotaron y se convirtieron en festejos alocados. Antes de sumarse, Gabriel Deck cruzó la mitad de cancha a ritmo “Tortu”, se alejó del ruido, saltó sobre las luminarias publicitarias y le regaló la camiseta número 14 a Nora.
Nora es la mamá de Tortuga, ese enorme deportista silencioso nacido en Colonia Dora, que te llena los ojos de básquet. Ella la agarró con amor, se abrazó a la camiseta de su hijo y se emocionó. En esa entrega quedó sellado mucho más que la ropa para guardar en el museo. Allí hubo agradecimiento, reconocimiento, orgullo, realización, humildad, sencillez… y mucho amor del hijo campeón a la madre reluciente. Esos segundos únicos de festejo, Gabriel se los dedicó a su vieja.
Segundos después, se anunció el MVP. Los hinchas, sin pasar por las urnas, ni conocer la decisión de los periodistas, se adelantaron al fallo. Gabriel Deck, con solo 22 años, dominó con juego a lo largo de toda la temporada y se quedó con un merecido premio al mejor jugador de las #FinalesLaCaja.
Caminó lento. Subió con pachorra a recibir el premio con la alegría por adentro, entre algunas sonrisas, con la red colgada en el cuello, y lo obsequió. Con grandeza. Con su indice derecho señaló a sus compañeros, su mirada recorrió el lugar en donde el equipo estallaba de alegría por el pibe consagrado con en MVP en sus manos. Luego buscó a su familia y amigos, y les regaló el premio. Lo levantó con su mano derecha, lo sacudió un par de veces, y se preparó para que los flashes explotaran en su rostro.
Deck es un todo terreno, uno de esos que se ven de vez en cuando, de los que llevan el potrero en su juego. De los que parecen haber jugado toda la vida, y su carrera recién comienza. De los que regalan los premios. Altruista, en la vida y en el juego. Un pibe alegre, que apostó a cambiar, decidió como adulto, y ganó.
El final, tras sacarse fotos con todos los hinchas que lo frenaron (todos), fue otra vez en familia. Ahí lo esperaba la dueña de la casaca, con el MVP en mano, Joaquin (su hermano) y sus amigos. El abrazo interminable sobre el hombro izquierdo de Nora, escondió unas lágrimas (todos buscamos refugio en mamá) y el MVP festejó. Explotó a su modo, se fundió en los brazos de su mamá y su hermano. Lo esperaba Nicolás Aguirre, el capitán con la Copa en sus manos. “Llamalo a Tortu, gritó”… Se miraron, sonrieron, se abrazaron y comenzó la merecida vuelta olímpica.
